Lunes 28 de Septiembre del 2020

“El cambio fundamental fue aprender a hacerlo todo virtual”

La Fundación Itineris es una institución de Flores que trabaja para que las personas con […]

Publicado el 9 septiembre, 2020 por Juan Bertrán

La Fundación Itineris es una institución de Flores que trabaja para que las personas con discapacidad sean valoradas e incluidas en nuestra sociedad. El director Diego González Castañón cuenta la labor que realizan.

La Comuna 7: ¿Cuándo surgió la Fundación Itineris y por qué?

Diego González Castañón: La Fundación surge en 1999. Éramos dos personas, Andrea Aznar y yo. Ella es psicóloga y yo, psiquiatra. Trabajábamos juntos en otra institución y lo que queríamos era cambiar la forma en que las personas con discapacidad intelectual vivían, lo que nos llevó a empezar a trabajar juntos. El objetivo actual de la Fundación Itineris se fue modificando porque en 15 años cambió mucho el escenario y la concepción de la discapacidad. Actualmente, nuestra meta es articular a actores sociales lúcidos para lograr la plena inclusión de las personas con discapacidad en sus comunidades. Al principio, la propuesta era capacitarlos, generar una aparición, ahora hay mucha capacitación, hay muchos actores lúcidos. Lo que está faltando es la articulación y a eso nos dedicamos. A la vez, seguimos haciendo investigación, capacitación, concientización, pero desde la idea de hacer un trabajo sinérgico en conjunto.

LC7: Por lo que decís, ¿sentís que se desarrolló una mayor conciencia con respecto a los derechos de las personas con discapacidad?

DGC: El mundo de la discapacidad cambió muchísimo. Hay un hito a nivel mundial que es la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU, de 2006, que genera un estándar de referencia mundial de que hay que hacer, por una cuestión de derechos humanos, todo lo que se pueda para que las personas con discapacidad se sientan plenamente incluidas. Argentina no sólo firmó la convención, sino que le dio estatus constitucional. En ese sentido, es un avance enorme. Después, hay un montón de cosas que se fueron haciendo desde varios actores sociales. Hoy las personas con discapacidad están presentes con naturalidad en los medios. También en las escuelas están presentes. El nivel de concientización básico está, pero la transformación de las instituciones aún no. Especialmente, los gobiernos siguen en un estado de decir lo políticamente correcto pero no hacer lo políticamente necesario para transformar la vida de las personas con discapacidad.

LC7: ¿En qué aspecto ves que desde lo político no se hace lo necesario?

DGC: La ley de cupo laboral tiene 50 años en la Argentina. Hubo oportunidades de hacerla cumplir y no la cumple nadie. Ni gobiernos municipales, ni provinciales, ni nacionales, ni el poder legislativo, ni el judicial, ni los gremios han puesto en agenda que tenemos que tener por lo menos el 4 por ciento de personas con discapacidad trabajando. La única jurisdicción que desarrolló una política muy agresiva y sostenida fue la Ciudad de Buenos Aires con la gestión de la COPIDIS (Comisión para la Plena Participación e Inclusión de las Personas con Discapacidad). Es la única jurisdicción que cumple con la ley. Todas las demás hace años que están en menos del 1 por ciento y sigue estando el 80 por ciento de las personas con discapacidad desempleadas en el país.

LC7: ¿Cómo es el trabajo con una organización para cambiar las prácticas cotidianas y generar mayor inclusión?

DGC: Está la ventaja de que tenés un mandato constitucional y una convención internacional que dicen que hay que cambiar y hacia dónde hay que cambiar. En ese sentido, tienen que cambiar porque está en nuestra Constitución. ¿Cómo es el cambio? El cambio es progresivo. Es un cambio que implica redistribución del poder y sobre todo dar la palabra a las personas con discapacidad. Por eso lleva tiempo, se trata de dejar de hacer por esas personas y que se les pregunte qué necesitan realmente. El tema de capacitación que más nos piden es nuestro modelo de planificación centrada en la persona donde se busca que las personas sean dueñas de su vida y es una alternativa a la planificación centrada en las organizaciones donde todo está prefijado. Enseñamos cómo hacer que una institución siga siendo una institución pero que no homogenice, sino que celebre la diversidad y que empodere a cada uno. No se busca que vayan de visita a hacer una salida recreativa a la comunidad, sino que hay que hacer que las personas con discapacidad sean partícipes de la comunidad. No es un destino la discapacidad. El destino de cada persona es la comunidad. Esto en las comunidades más chicas es más fácil de cambiar. Lo lindo del trabajo es que siempre involucramos a todos los actores de la organización: personas con discapacidad, profesionales, familias, medios de comunicación, gobiernos. La transformación es un trabajo que se hace con todos los actores. Es un error pensar que es una cuestión de especialistas. Es una cuestión de todos.

LC7: ¿Cómo fue el trabajo de la fundación durante la pandemia?

DGC: El cambio fundamental fue aprender a hacerlo todo virtual. Estamos dando cursos para todo el país cuando nos convocan, pudiendo llegar a localidades que antes no hubiéramos pensado o hubiera sido muy dificultoso y costoso. En ese sentido, los costos de contratar a la fundación para una capacitación son mucho menores porque no hay transporte. Realmente, la gente se engancha mucho y es muy ameno. Nosotros ya teníamos la experiencia de haber dado cursos virtuales con la Red de Puntos Digitales y los Núcleos de Acceso al Conocimiento del Estado. Habíamos aprendido a hacer interactivas las conferencias con lugares remotos. Estábamos bien preparados. Por otro lado, los proyectos que habitualmente nos encargaban y recibían financiación de los gobiernos no están sucediendo, hay un parate. Las organizaciones disminuyen la cantidad de demanda de capacitación y asesoría. Pero también han sido meses muy fecundos para poner al día trabajos de investigación que estábamos postergando hace mucho. Por ejemplo, investigaciones multicéntricas en un tema muy importante como es la autodeterminación. No hemos estado quietos, hemos estado creativos. Estamos contentos de haber colaborado con mucha gente.

LC7: ¿Con qué dificultades adicionales se encontraron las personas con discapacidad en este tiempo de pandemia?

DGC: En un primer momento fue una oportunidad para que las personas con discapacidad dejaran de estar sobreprotegidas por sus familias y por las instituciones y tuvieran la oportunidad de demostrar todo lo que pueden y todo lo que saben, sin la mediación oficial de las instituciones. En una segunda instancia, por las múltiples dificultades de cada familia, han surgido muchos problemas de convivencia. En las familias no hay trabajo, no alcanza la plata. En un contexto de pandemia hay muchas otras urgencias y a veces los requerimientos específicos de las personas con discapacidad quedan postergados. Vuelve a reaparecer la idea de la minusvalía. Al momento de elegir, se priorizan otras cosas y no la vida de cada cual, porque se le asigna menos valor a las personas con discapacidad. Es decir, que lo que habíamos cambiado, la pandemia se lo lleva todo y salen cosas que creíamos ya superadas.La desvalorización es importantísima como mecanismo de exclusión, la sobreprotección también, el ninguneo también. Son mecanismos de exclusión muy fuertes y muchos son muy silenciosos y se activaron otra vez en la pandemia.

Más información: http://www.itineris.org.ar/index.html


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