Martes 30 de Noviembre del 2021

“El Pensador” reflexiona desde lo alto de su pedestal

Sobre las obras de arte en los espacios públicos de la Ciudad de Buenos Aires. […]

Publicado el 17 octubre, 2021 por Gustavo Montagna

Sobre las obras de arte en los espacios públicos de la Ciudad de Buenos Aires.

Una de las obras más emblemáticas de la Ciudad autónoma de Buenos Aires es la escultura realizada en bronce para las Puertas del Infierno por el mayor artista moderno francés, Eugene Rodín.

Reconocida ésta como la octava copia de las diez autorizadas para ser reproducidas, llegó en el 1900 al puerto de Buenos Aires gracias a las gestiones de Eduardo Schiaffino.

Desde su arribo causó revuelo entre entendidos y ediles, cuestionando al escultor y hasta su emplazamiento en la actual Plaza Congreso, que para esos momentos no era más que un espacio desolador y casi abandonado a la construcción, de acuerdo al relato de Schiaffino en sus escritos “La urbanización de Buenos Aires”.

Un hecho que enojó a Rodín ya que la obra fue vendida con la condición de ser expuesta y emplazada en las escalinatas del Congreso de la Nación Argentina.

El Pensador, desde su emplazamiento y de forma silenciosa, ha visto pasar vaivenes políticos, económicos y sociales de todo tipo; el formar parte de la cuadrícula urbana no es un detalle menor; desde lo alto de su reciente pedestal en similitud de aquel emplazado sobre la tumba de su autor en Francia, el bronce ha sido desde siempre el mejor soporte de las manifestaciones sociales con pintadas, esgrafiados, y hasta actos de vandalismo de mayor escala que hicieron que tomara aún mayor protagonismo en 2011 cuando un aerosol a manos de un desconocido fue intervenido completamente de rosa, en una imagen que recorrió tristemente todos los portales del mundo, hecho que nunca fue esclarecido.

Para un escultor, que su obra sea emplazada en “parques y jardines” del espacio público es uno de los mayores reconocimientos; las obras en los espacios comunes de la ciudad, en menor o mayor medidas, si bien son restauradas y protegidas ya sea por barreras naturales o enrejados, no dejan de estar a merced del vandalismo urbano, traficantes de obras de artes o peor aún de los reducidores de metales.

Para la primera descripción se cuentan intentos de robo infructuosos hacia 2003 como el sufrido por el “Heracles, El arquero” del escultor francés Emile Bourdelle, discípulo éste de Rodín; o el secuestro mucho antes de “La Juventud”, mármol del escultor uruguayo José Belloni, obra que después de ser presentada en sociedad por Fernando De La Rúa cuando éste era flamante Jefe de Gobierno, y casi a modo de mensaje mafioso, fue retirada del pedestal durante la noche, para ser encontrada días posteriores mutilada dentro de un volquete en el barrio de Villa Luro.

Otras secuencias se cuentan entre robos de partes de las obras realizadas en bronce como cabezas, extremidades, ornatos y placas. La desaparición de una escultura completa de mediana talla que representaba un modelado de una niña de no más de 12 años en bronce, del selecto espacio de la Plazoleta de los Países Bajos de Puerto Madero dejó a la luz la falta de control y seguridad.

Anteriormente, igual suerte sufrieron obras como “Niño con gallina” y “Grupo infantil” ambos de escultores extranjeros: Vicente Gemito y Nicola Gulli, respectivamente. Estas desapariciones fueron en momentos de re significación del espacio público de Plaza San Martin en 2001 aproximadamente.

Se suman el corte del “Tótem Canadiense” en Plaza Canadá a manos de un edil de turno que, por impericia y desconocimiento, la segmenta en más de 5 partes con motosierra alegando que entra en un camión para transportarla.

La lista continúa y es infranqueable el dato de los robos de los escudos de las provincias argentinas ancladas en la Plaza de la República, placas de bronce identificatoria y desapariciones de obras completas emplazadas dentro del Cementerio de Chacarita. Todo es posible.

Hemos entonces planteado desde esta breve reseña el estado y situación actual de las obras de arte en los espacios públicos de la Ciudad autónoma de Buenos Aires. La lluvia acida, el smog, las vibraciones de los suelos son una realidad de años; la falta de mantenimiento de las obras y la restauración a manos de profesionales sería el pedido que las obras de artes realizarían si de ellos dependiese su estadía sobre sus pedestales mustios.


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