Martes 26 de Octubre del 2021

“No elijo sobre qué escribir”

Ariana Harwicz, quien reside en Francia y actualmente está por Buenos Aires, brindó una entrevista […]

Publicado el 26 julio, 2021 por Manuel Rodrigo Salgueiros

Ariana Harwicz, quien reside en Francia y actualmente está por Buenos Aires, brindó una entrevista a LC7 donde responde a algunos de los interrogantes que genera su obra.

Llegué a Harwicz por pura casualidad. Recuerdo que, tras ganar un sorteo de Instagram, llegó a mis manos un ejemplar de Precoz, su tercera novela publicada, novela que, amparándome en el reduccionismo de la literalidad, leí lleno de curiosidad y con total celeridad (los hombres, a veces, somos muy elementales).

Sin embargo, encontré una escritura que, lejos de darme una historia lineal sobre la vida conyugal, me metía en un mundo nuevo alejado de clichés y repleto de imágenes muy difíciles de olvidar por su violencia y originalidad. Entrar en el mundo Harwicz, y eso que solo había leído un libro, fue una experiencia única, experiencia que, salvo que usted esté repleto de prejuicios, buscará repetir, ya sea leyendo el resto de sus novelas o, por qué no, mediante una entrevista que intente encontrar el origen de tan peculiar y bella escritura.

Sin ánimos de entretenerlo más, les presento algunas de las tantas preguntas que surgieron a raíz de la lectura de sus obras. Sin ánimos de entretenerlo más, les presento unas respuestas que me dan ganas de preguntar más y más.

La Comuna 7: ¿El vaivén de imágenes y palabras a los que sometes a tus personajes tiene un fin particular o es la forma que encontrás para hacerlos hablar?
Ariana Harwicz: No lo veo tanto como un sometimiento a los personajes. No es que yo someto, digo por utilizar la palabra que vos mencionas en tu pregunta, no lo veo tanto de esa forma, sino más bien al revés. Es decir, porque aparece esa forma, esa rapidez, esa gramática y esa deformación en la gramática pueden hablar los personajes. Creo que todo debe plantearse en la escritura de modo dialéctico. Entonces no es que lo encuentro para someter al personaje a una lógica, sino que aparece junto con el personaje; es un proceso continuo y paralelo.

LC7: De a ratos, la manera en la que se expresan tus personajes, llámese silencios o formas en que se responden a ellos mismos, me recuerdan a los típicos monólogos de terapia. ¿Te psicoanalizas o psicoanalizaste? ¿Trabajas con ese tipo de recursos?
AH: No, la verdad que no. No concibo la escritura de ese modo, ni pienso o armo mis personajes pensando en absoluto en el psicoanálisis, ni en esa ideología, ni en ese tipo de pensamiento y no lo relaciono conmigo. El arte es otra cosa, es un salto, una transfiguración, una metamorfosis y no tiene nada que ver con esa mimesis primaria. No es desde ahí que pienso la composición de los personajes, sino todo lo contrario.

La Comuna 7: ¿Consideras que tus relatos de ficción tienen una carga onírica grande?
AH: No, no pienso en términos oníricos. Tal vez porque todos esos binomios (onírico y realismo, ciencia ficción e hiperrealismo, por ejemplo) no tienen que ver con el armado de una obra. Más bien son como a priori exegéticos de una obra que no se relacionan de manera profunda con una obra. Lo que pasa en mis novelas no es del campo de lo onírico versus la realidad. Todo es en el orden de un deseo, pero el deseo no se ordena respecto a lo diurno y lo onírico; no está esa división, aunque también es cierto que se leen así.

LC7: “A mi me darán cuatro mil quinientos años, más años que a Scilingo, a él cadena perpetua pero no le dijeron el numero, hasta que se muera, a mi me van a precisar el cómputo”, ¿Que diferencia ves entre ese número redondo y la cadena perpetua?
AH: No, respecto a ese monólogo de Degenerado, a esa autodefensa, a esa especie de parodia, de humor oscuro que tiene que ver con esa pantomima de juicio o teatro montado que se hace, es un juego que se da para mostrar cuantos años le dan a un reo, un criminal, un genocida y cuanto años le dan a él. Pone en jaque y se ríe de cómo piensa la justicia, los tribunales, los jueces, los sistemas jurídicos y la justicia de un país. Lo que hace es una especie de chicana. ¿A Scilingo, un genocida que tiraba gente de un avión, cuanto le dan? ¿Y a mi cuanto me dan? Esta burlandose de la ley.

LC7: ¿Por qué la madre o, mejor dicho, la maternidad son temas cruciales en tus novelas? ¿Por qué todos tus personajes, sean madres o no, hablan tanto sobre la maternidad?
AH:
El tema de la maternidad no es un tema que yo elija. No es un tema que uno elija como a qué lugar ir de vacaciones o qué comer. Digamos que la angustia y las obsesiones no se eligen. “La angustia es lo que no miente”, dicen. Cuando empiezo a escribir eso está ahí pero no adosado, sino porque arma mi escritura. Las relaciones filiales me llevan a la escritura porque es algo misterioso, perverso y que no termino de entender. Y tienen que ver con las ficciones o teatros que armamos en la vida. Inmediatamente me convocan a escribir. Uno no elige sobre qué escribir, como tampoco los pintores eligen sobre qué pintar.

LC7: “Con los niños rubios veo en rojo”, dice un personaje en Degenerado. ¿Alguna vez tuviste una experiencia en colores? ¿Crees en eso?
AH:
Eso tiene que ver con algo que dicen los pedocriminales/pedófilos, quienes hablan de un punto de máximo de deseo, de obcecación, de obsesión, una especie de cosa lunática y pierden la razón de manera absoluta y ven en rojo. Tiene que ver con un Sumun de un deseo totalmente degenerado, pero eso está en el diccionario interno de ellos.

LC7: En algunos de tus libros conocemos a personas que, por distintas circunstancias, perdieron la posibilidad de desarrollarse intelectualmente y lo lamentan. Sin embargo, estas personas no caen en el simple divague de “que hubiera pasado si…”, sino que razonan y de una manera muy sólida. ¿Consideras que esto solo puede ocurrir en una ficción?
AH:
Si, son farsas, son espejismos, son personajes que se burlan de su propio fracaso y de su propio destino. Son personajes que siempre se están burlando de sí mismo y se tratan sin piedad; es una especie de autodio. Odian a los demás y también se odian a sí mismos. Eso nunca tiene que ver con el realismo. Por tanto es verosímil que sean muy cínicos y muy inteligentes y muy lucidos para poder verse y para poder ver sus propios fracasos.

LC7: “Cómo puede mi suegro haber pasado la tarde de un 24 de diciembre releyendo los tickets y tener un fusil bajo la almohada. Cómo puede mi suegra hablar tan bajito, caminar con pasos tan cortos, ser tan modosita y ofrecerle un Prozac a una futura madre”, ¿A qué te remite esa frase? ¿Por qué?
AH: Son preguntas que tienen que ver con los personajes. No se puede explicar. Justamente ese es el error: tratar de explicar desde la racionalidad un texto. La diégesis es un universo, por fuera de la diégesis el mundo no existe; la diégesis es todo para un universo. Una palabra en un libro la sacas del libro y no existe, se cae al infinito, al vacío. Por eso, son observaciones de personajes. No lo puedo explicar, no lo voy a explicar porque la ética es eso. Los personajes existen dentro de esa fantasía, por fuera no son nada, pierden entidad. La suegra le da un Prozac, un antidepresivo, pero camina como una niña, despacito y tímida. Son las contradicciones inherentes de los personajes.


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