Hace 22 años sucedió la trágica muerte del líder de Los Gardelitos y creador de […]
Publicado el 14 mayo, 2026 por Lautaro Bracaccini
Hace 22 años sucedió la trágica muerte del líder de Los Gardelitos y creador de diversas canciones que todavía siguen sonando.
Un 12 de mayo de 2004 dejó el plano físico Eduardo Suárez, músico, poeta urbano y alma de la banda Los Gardelitos. Aunque falleció, su voz sigue viva en cada canción, en los barrios y en cada “pibe” que encontró refugio en sus letras.
Eduardo Suarez nació en Mendoza un 13 de octubre de 1953, aunque por error sus padres lo anotaron en el registro el 14 de octubre. Desde muy chico convivió con una vida difícil y fuera de lo común. Durante su adolescencia, específicamente en el año 1968, viajó a Buenos Aires en busca de su padre Marcos Suarez para reencontrarse luego de que lo liberaran debido a que era integrante de la Resistencia Peronista.
Sin saberlo, ese viaje sería el comienzo de su propia historia: un “pibe” mendocino que fue encontrando su identidad dentro de los barrios porteños, transformando sus vivencias en música y ganándose el cariño de la gente más humilde, de la clase trabajadora y de amantes del rock que se sentían identificados con sus canciones.
La vida de “Korneta” Suarez atravesó diferentes matices con el paso de los años: la calle, la música, los excesos y las luchas internas. “Ratón”, amigo de Korneta Suarez, llegó a contar que “Korneta” Suarez incluso tocaba la guitarra con una sola cuerda para aparentar inestabilidad.
En 1973, Suarez fue diagnosticado con trastorno de esquizofrenia, diagnóstico que buscó para evitar el Servicio Militar Obligatorio. El músico de la Comuna 7 estuvo internado todo ese año en el Hospital Borda.
Tiempo después de su internación psiquiátrica, mediante amistades y el ambiente rockero, conoce a quien sería su esposa “Yuli”. Yuli, esposa de Eduardo “Korneta” Suarez, recordó: “este chico es músico”, luego de verlo tocar la flauta dulce.
Tras conocerse iniciaron un intenso noviazgo y llevaron un estilo de vida bohemio y completamente alejado de cualquier estabilidad, desde vivir en casas tomadas hasta pasar por varias comisarías. Pero también esas experiencias inspiraron el universo artístico de “Korneta”. Eduardo comenzó a echar raíces en el barrio de Bajo Flores, formando allí su familia.
En el año 1992, “Korneta” Suarez cayó preso en la Cárcel de Caseros. Aunque nunca quedó del todo clara la causa de su detención, esas vivencias profundizaron todavía más su inspiración musical. Allí compuso “Blues de Caseros”, canción en la que relata la vida detrás de las rejas.
Finalmente, en 1995, entre los pasillos y monoblocks del Bajo Flores nació Los Gardelitos. Con Eduardo “Korneta” Suarez al frente y acompañado por sus hijos, la banda comenzó a construir una identidad propia dentro del rock barrial argentino, mezclando distintos géneros musicales.
“Korneta” apostó todo a la música, llegando incluso a vender bienes personales como una rotisería familiar y su camioneta de trabajo. Un año después llegaría “Rock Sudaka”, el primer material de la banda y el puntapié inicial de una historia que empezaba a crecer desde el under porteño.
En 1998, Los Gardelitos lanzaron “Gardeliando”, su primer álbum de estudio oficial. Más que un disco, “Gardeliando” parecía una forma de caminar Buenos Aires, retratando barrios, emociones y experiencias vividas por Korneta.
La banda tocaba en clubes de barrio, festivales solidarios, sociedades de fomento e incluso cárceles. Muchas veces cobrando entradas mínimas o directamente tocando gratis. Esa cercanía con la gente terminó convirtiéndose en un fuerte sentido de pertenencia entre la banda y el barrio.
Eduardo “Korneta” Suarez fue el fundador, cantante y principal compositor de Los Gardelitos. El 12 de mayo se cumplieron 22 años de su fallecimiento. Tenía 50 años cuando su cuerpo fue hallado en el suelo del Bajo Flores, luego de permanecer tres días desaparecido. La causa de su muerte fue un golpe en la nuca tras desmayarse y golpearse contra un medidor de gas.
“Korneta” vivió bajo sus propias reglas y nunca buscó transformarse en un producto mercantilista del rock argentino. Prefirió mantenerse cerca del barrio, de su gente y de sus convicciones. Quizás por eso su figura terminó convirtiéndose en el símbolo de “un loco que quiso cambiar el mundo con canciones”.

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