Miercoles 17 de Junio del 2026

Piezas de una memoria familiar

Una tarjeta hallada por azar abrió el camino a una investigación familiar que reconstruye la […]

Publicado el 10 junio, 2026 por Juan Bertrán

Una tarjeta hallada por azar abrió el camino a una investigación familiar que reconstruye la vida de Titus Smodlaka, inmigrante, ingeniero y artista que vivió en Parque Chacabuco.

La historia comenzó con un pequeño papel. No era un documento oficial ni una fotografía antigua, sino una tarjeta personal de casi un siglo de antigüedad. Allí figuraban un nombre, una profesión y una dirección: Asamblea 211. Para Pablo Smodlaka, bisnieto de Titus Smodlaka, ese hallazgo fue mucho más que una curiosidad familiar. Se convirtió en el punto de partida de una búsqueda que todavía continúa y que tiene como protagonista a su bisabuelo, Titus Smodlaka.

Ingeniero de formación, artista por vocación e inmigrante europeo, Titus dejó rastros dispersos en distintos lugares y épocas. Algunos aparecen en documentos históricos, otros sobreviven en cuadros colgados en casas particulares o en recuerdos transmitidos entre generaciones. Reunir esas huellas se transformó en una tarea colectiva y familiar.

“Hace algunos meses encontré la tarjeta personal de mi bisabuelo. Tiene la dirección de Asamblea 211. En ese papelito, de casi 100 años, se presenta como ingeniero y artista pintor. Eso activó mi curiosidad”, cuenta Pablo Smodlaka.

Hasta ese momento, reconoce, conocía muy poco sobre la trayectoria de su antepasado.

“Me di cuenta de que apenas sabía de su vida, sus años en Europa, su inmigración y su obra artística. Me encontré inmerso en una investigación frenética. Es un rompecabezas que vamos armando con mi familia”.

Las piezas que fueron apareciendo permiten reconstruir parte de la biografía de Titus Smodlaka. Nació en Kotor, actual Montenegro, el 3 de enero de 1882. Fue el menor de ocho hermanos y estudió ingeniería civil en Checoslovaquia. A lo largo de su vida ocupó cargos de relevancia vinculados a la obra pública y al transporte, participó en proyectos durante la Primera Guerra Mundial y fue funcionario del gobierno de Popovic entre 1917 y 1919.

Su llegada a Sudamérica se produjo en la década de 1920. Según relata Pablo:

“Con mi bisabuela Antonia tuvieron dos hijos en Yugoslavia y en 1925 llegaron a Antofagasta, desde Londres. De ahí viajaron a Argentina. Pasaron por Liniers y después llegaron a Parque Chacabuco. Entiendo que más tarde estuvo en Capitán Sarmiento y en sus últimos años en Floresta”.

Ese recorrido geográfico también ayuda a entender por qué su figura aparece vinculada a distintos barrios y localidades. Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos de su historia es su faceta artística. Aunque su profesión principal era la ingeniería, dedicó buena parte de su tiempo a la pintura.

“En sus obras se dedicó casi exclusivamente a pintar con óleo sobre terciopelo, usando una técnica familiar”, explica Pablo Smodlaka.

Durante años, esos cuadros formaron parte del paisaje cotidiano de las reuniones familiares, aunque sin despertar demasiado interés entre las generaciones más jóvenes.

“Durante mi infancia y adolescencia sus cuadros estaban en las casas familiares, pero no me llamaban la atención. Nunca pregunté por él”.

La situación cambió recientemente gracias a una serie de coincidencias que Pablo bautizó como “Tituseñales”. Una de ellas surgió a través de su hermana, quien le comentó que una paciente suya tenía un cuadro firmado por Titus. Poco después apareció otra pista inesperada: un poema del escritor platense Julián Axat inspirado en una pintura realizada por su bisabuelo en 1927.

“Encontramos un poema de Julián Axat, que a partir de un cuadro de 1927 contaba detalles de mi bisabuelo. Le escribí y me invitó a conocer la obra. Él estaba intrigado con la vida del pintor y me propuso armar una exposición”, recuerda.

Aquel encuentro abrió nuevas preguntas sobre la vida del artista y permitió compartir información que hasta entonces permanecía dispersa.

Entre esos datos aparece también el episodio que marcó el final de su historia.

“Le conté que Titus murió atropellado por un tren a los 62 años, cerca de San Vicente. Eso lo estremeció”.

Lejos de concluir, la investigación continúa sumando capítulos. Fotografías, cartas, documentos y testimonios siguen apareciendo de manera esporádica, aportando nuevas piezas a una reconstrucción que todavía está incompleta. Para Pablo, el valor de la búsqueda no radica únicamente en alcanzar una versión definitiva de la historia, sino también en el proceso compartido con su familia.

“Mi espíritu bibliotecario sigue latente. Con mi familia seguimos buscando información, cartas, testimonios. Es una construcción parcial, pero disfrutamos la aventura, señala.

La invitación permanece abierta para quienes puedan aportar algún dato sobre el paso de Titus por Parque Chacabuco, Floresta, Capitán Sarmiento o cualquier otro lugar donde haya dejado su huella.

“Si alguien tiene información, recuerdos, fotos o simplemente vio un cuadro suyo, puede escribirme. A veces se dan conexiones inesperadas y cada dato podría sumar una pieza más a este gran rompecabezas”.

Para compartir datos, testimonios o información relacionada con Titus Smodlaka, los interesados pueden comunicarse con Pablo a través de psmodlaka@gmail.com.


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