Viernes 05 de Marzo del 2021

Educación y Pandemia

La pandemia por coronavirus ha provocado una crisis sin precedentes en todos los ámbitos. En […]

Publicado el 30 enero, 2021 por Verónica Candolfi

La pandemia por coronavirus ha provocado una crisis sin precedentes en todos los ámbitos. En este contexto, la crisis tendrá importantes efectos negativos en los distintos sectores sociales, incluidos particularmente la salud y la educación, así como en el empleo y el aumento de la pobreza.

En la esfera de la educación, esta emergencia ha dado lugar al cierre masivo de las actividades presenciales de instituciones educativas en más de 190 países con el fin de evitar la propagación del virus y mitigar su impacto. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha publicado que, incluso antes de enfrentar la pandemia, la situación social en la región se estaba deteriorando, debido al aumento de los índices de pobreza y de indigencia, la persistencia de las desigualdades y un creciente descontento social.

En nuestro país persisten aún grandes brechas en los resultados educativos, que se relacionan con una desigual distribución de los docentes, en general y de los docentes mejor calificados en particular, en desmedro de provincias y regiones con menores ingresos y de zonas rurales, las que concentran en su mayoría a la población indígena e indigente. En el ámbito educativo, nuestro país adoptó ante la crisis la suspensión de las clases presenciales en todos los niveles, lo que dio origen al despliegue de modalidades de aprendizaje a distancia, mediante el uso de diversos formatos y plataformas de reuniones virtuales.

Además de interrumpir las actividades educativas, el cierre de las escuelas afectó la alimentación y la nutrición de la población escolar, especialmente en los sectores más vulnerables. Tanto las escuelas primarias o secundarias como los/as docentes, ante el confinamiento tuvieron como primera reacción, pensar que era posible hacer “on line” el mismo tipo de aprendiza presencial que estaban haciendo. O sea, interpretaron que el aprendizaje se obtiene dando deberes a los alumnos. En realidad, esto responde a la creencia que se aprende en solitario, solo con esfuerzo personal, haciendo tareas normalmente rutinarias siguiendo patrones propios de los libros de texto. Internacionalmente esto es muy cuestionado, ya que la ejecución de las tareas en la mayoría de los casos recae sobre la familia y el “éxito” tiene una relación estrecha con el nivel socio-cultural del hogar.

Es necesario que nos preguntemos, qué, cómo y para qué han aprendido los alumnos/as en todo este tiempo de confinamiento. No me refiero al aprendizaje académico, sino a toda la experiencia que acumularon en el ámbito relacional, de lo que significa una pandemia, de la relación con familiares y otros, del cuidado, de la propia muerte. Tenemos que aprovechar todas las experiencias que estamos almacenando. Nos equivocamos si pensamos que esto es un paréntesis y que volveremos la normalidad anterior. Este es un tiempo de cambio profundo y de cuestionamiento del propio modelo. Algunas prácticas que se utilizan quizás se queden.

Las propias apreciaciones de los alumnos/as producirán cambios en sus conceptos. Algunos verán que pueden aprender sin ir a la escuela, o sin tener que escuchar “clases magistrales” una detrás de la otra. También lo están experimentando los y las docentes, como así las administraciones y organismos educativos. Se suspendieron las pruebas estandarizadas por la imposibilidad de hacerlas, pero me atrevo a decir que el sentido y contenido de esas pruebas no serán iguales a partir de ahora. Lo esencial es que tomemos conciencia entre un antes y después. Se necesita un giro copernicano en la educación tanto por parte de sus protagonistas, docentes y autoridades escolares como por parte del gobierno.

En lo referente al retorno a las aulas, el debate 17 de febrero o 1 de marzo resulta algo marginal. Hoy nadie puede decir cuál será el panorama epidemiológico dentro de 3 o 5 semanas. No olvidemos que del 8 de diciembre (3.610) al 7 de enero (13.835) el número de casos casi se cuadruplicó. La idea es que la presencialidad sea el regulador, que sea la regla y no la excepción. Pienso en un sistema dual, con clases virtuales, pero también con encuentros presenciales. Se podría especular con la posibilidad que los alumnos vuelvan en forma rotativa. En principio estoy de acuerdo que la voluntad seria el retorno a clases el 17 de febrero, haciendo hincapié siempre en la palabra VOLUNTAD.

A pesar de haber comenzado con la vacunación estamos lejos de tener un numero de vacunados que pueda revertir la situación actual. Desde distintos sectores se plantea la necesidad de que todos los docentes estén vacunados para ir a clases. Si esto fuera una condición necesaria las clases presenciales comenzarían recién en agosto o septiembre, ya que si bien los docentes se encuentran en la lista de prioridad, aparecen luego del personal de salud, adultos mayores, fuerzas armadas y de seguridad y adultos de riesgo.

Por último, la dicotomía que ha caracterizado la forma de pensar de algunas organizaciones se hizo y hace presente a través de imágenes con un enorme poder de elocuencia, cuando miembros de CTERA en el velorio de Maradona, marchaban sin barbijos y con “distancia cordial” a la casa de gobierno. Debe haber sido la última victoria póstuma del 10. Velorio si, trabajar en las aulas no.

Fotografía: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.-


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