La historia del Club de Día de Mensajeros de la Paz en Flores. En una […]
Publicado el 14 julio, 2026 por Camila De la Fuente
La historia del Club de Día de Mensajeros de la Paz en Flores.
En una ciudad donde el ritmo cotidiano muchas veces deja poco espacio para el encuentro, hay lugares que demuestran que un almuerzo compartido, una conversación o un taller pueden cambiar la vida de una persona. En el barrio de Flores, desde hace más de una década, el Club de Día de Mensajeros de la Paz abre sus puertas para que las personas mayores encuentren mucho más que actividades: encuentren una comunidad.
Tres veces por semana, los lunes, miércoles y viernes, el espacio recibe a adultos mayores que llegan para compartir el almuerzo, participar de talleres, ejercitar la memoria, hacer yoga en silla, conversar y, sobre todo, sentirse parte de un grupo. Detrás de cada encuentro hay un equipo interdisciplinario que trabaja con una convicción clara: la vejez debe vivirse con derechos, autonomía y participación.
Leslie Iuzzolino, trabajadora social del Club de Día de Mensajeros de la Paz: «La problemática que atraviesa a prácticamente todas las personas mayores que llegan al Club es la soledad. Llegado un determinado momento de la vida, los espacios para vincularse y socializar con pares suelen quedar al margen. Por eso el Club resulta fundamental como espacio de encuentro y como promotor de una vejez activa.»
Un proyecto que pone a las personas en el centro
Mensajeros de la Paz es una organización fundada en España en 1962 por el Padre Ángel García Rodríguez. Con presencia en 75 países, nació trabajando con niños y niñas sin cuidados familiares, pero con el paso del tiempo amplió su tarea hacia otros grupos en situación de vulnerabilidad, entre ellos las personas mayores.
En Argentina desarrolla distintos proyectos sociales. Uno de ellos es el Hogar San José, residencia de larga estadía, y el otro es este Club de Día ubicado en Flores, que funciona desde 2013. Su objetivo es acompañar a personas mayores que atraviesan situaciones de aislamiento, soledad o distintas problemáticas personales, ofreciendo un espacio de atención diurna donde el vínculo con otros se convierte en una herramienta para mejorar la calidad de vida.
Pero el trabajo va mucho más allá del acompañamiento cotidiano.
Leslie Iuzzolino, trabajadora social del Club de Día de Mensajeros de la Paz: «Trabajar desde un enfoque de derechos significa reconocer a las personas mayores como sujetos plenos de derechos, con capacidad de decisión, autonomía y participación. Implica dejar atrás miradas asistencialistas y promover que puedan ejercer esos derechos en la vida cotidiana.»
Ese enfoque atraviesa todas las actividades del Club: desde respetar las decisiones de cada concurrente hasta generar espacios donde puedan participar activamente, fortalecer su autonomía y prevenir situaciones de discriminación o maltrato por motivos de edad.
Mucho más que talleres
El Club funciona de 11.30 a 16.30 y durante la jornada se ofrece almuerzo y merienda. Sin embargo, la alimentación es solo una parte de la propuesta.
Actualmente se desarrollan talleres de yoga en silla, memoria y un espacio socioafectivo pensado para fortalecer vínculos, estimular la participación y promover el bienestar emocional.
El equipo está integrado por una coordinadora, una trabajadora social, una nutricionista, una cocinera, un auxiliar de cocina y profesionales especializados que llevan adelante cada uno de los talleres.
Leslie Iuzzolino, trabajadora social del Club de Día de Mensajeros de la Paz: «Promovemos el envejecimiento activo a través de actividades que fortalecen la autonomía, la participación y el bienestar. Los talleres favorecen el aprendizaje continuo, el intercambio de experiencias y la construcción de vínculos significativos.»
Las actividades lúdicas también ocupan un lugar central.
Leslie Iuzzolino, trabajadora social del Club de Día de Mensajeros de la Paz: «Generan espacios de disfrute, creatividad y socialización que contribuyen a una mejor calidad de vida y a un envejecimiento más activo y participativo.»
Cuando el grupo se convierte en una red
Cada persona llega con una historia distinta. Algunos conservan fuertes vínculos familiares; otros prácticamente no cuentan con redes de apoyo. Hay quienes atraviesan dificultades económicas y también quienes viven situaciones de vulnerabilidad social. Sin embargo, el paso de los meses suele producir transformaciones que el equipo observa con emoción.
Leslie Iuzzolino, trabajadora social del Club de Día de Mensajeros de la Paz: «Lo primero que aparece es una enorme solidaridad entre pares. Se apoyan, se acompañan y se dan ánimo frente a las cuestiones de la vida diaria.»
Con el tiempo, esa solidaridad se convierte en amistad.
Leslie Iuzzolino, trabajadora social del Club de Día de Mensajeros de la Paz: «Empiezan a construirse vínculos que incluso continúan fuera del Club.»
Pero quizás el cambio más importante sea otro.
Leslie Iuzzolino, trabajadora social del Club de Día de Mensajeros de la Paz: «Muchas veces lo que cambia es la motivación, las ganas de hacer. Que una persona mayor se movilice para venir, incluso en días muy fríos o muy calurosos, que esté pendiente de sus compañeros o se preocupe por ellos, habla del lugar que ocupa este espacio en su vida.»
En una etapa donde el sedentarismo y el aislamiento suelen ganar terreno, recuperar una rutina compartida puede significar mucho más que asistir a una actividad.
Una vejez llena de posibilidades
Todavía persisten muchos prejuicios sobre el envejecimiento. Con frecuencia la vejez aparece asociada únicamente con la enfermedad, la dependencia o la pérdida de autonomía. Desde el Club buscan construir otra mirada.
Leslie Iuzzolino, trabajadora social del Club de Día de Mensajeros de la Paz: «Nos gustaría que los vecinos conocieran que el envejecimiento es una etapa más del curso de la vida, diversa y llena de posibilidades.»
Y agrega:
Leslie Iuzzolino, trabajadora social del Club de Día de Mensajeros de la Paz: «Las personas mayores no constituyen un grupo homogéneo. Tienen experiencias, saberes y capacidades que enriquecen a toda la comunidad y continúan siendo protagonistas de sus proyectos y decisiones.»
Por eso consideran fundamental derribar estereotipos y promover una sociedad más inclusiva.
Leslie Iuzzolino, trabajadora social del Club de Día de Mensajeros de la Paz: «Reconocer el derecho de las personas mayores a participar activamente de la vida comunitaria, mantener su autonomía y acceder a espacios de encuentro, aprendizaje y recreación beneficia no solo a ellas, sino también al conjunto de la comunidad.»
Un Club que también es parte de Flores
El trabajo del Club no termina puertas adentro. Durante los últimos años fortaleció vínculos con distintas instituciones del barrio y generó actividades que acercan generaciones. En 2025 realizaron una jornada de intercambio con estudiantes del Colegio Nacional Nº 9 «Justo José de Urquiza», además de encuentros con el Centro de Día Alas Abiertas.
Leslie Iuzzolino, trabajadora social del Club de Día de Mensajeros de la Paz: «Queremos que el Club sea cada vez más un espacio abierto a la comunidad, donde el intercambio intergeneracional, la participación barrial y el trabajo en red favorezcan la inclusión y el envejecimiento activo.»
En tiempos donde los recursos suelen ser escasos, creen que fortalecer los lazos entre instituciones, organizaciones y vecinos es una forma concreta de sostener mejores oportunidades para las personas mayores.
Un mensaje para las familias
La soledad muchas veces aparece de manera silenciosa. No siempre responde al abandono; también puede ser consecuencia de los cambios propios de esta etapa de la vida, de las dificultades para movilizarse o de las nuevas dinámicas familiares. Por eso, desde el Club también acompañan a quienes cuidan.
Leslie Iuzzolino, trabajadora social del Club de Día de Mensajeros de la Paz: «Sabemos que muchas veces no es fácil acompañar a la persona mayor querida. Por eso el Club no solo aloja a las personas mayores, sino que también acompaña a las familias en estos momentos de cambios, donde todos van conociendo las características propias de esta etapa y todo lo que implica a nivel organizativo, económico y afectivo.»
En definitiva, el Club de Día demuestra que envejecer no tiene por qué ser sinónimo de aislamiento.
En un salón de Flores, entre mates, conversaciones, ejercicios de memoria, risas y almuerzos compartidos, cada lunes, miércoles y viernes se construye algo que resulta tan importante como cualquier otra política de cuidado: una red de afectos.
Porque muchas veces un espacio comunitario no cambia únicamente la rutina de una persona. También le devuelve el entusiasmo, las ganas de salir de su casa y la certeza de que todavía hay un lugar donde alguien la espera.
Quienes deseen conocer el espacio o solicitar información pueden comunicarse por WhatsApp o teléfono al 11 3195-2418 o escribir al correo clubdediamensajerosdelapaz@gmail.com.

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