La compra del ex Hospital Israelita por parte de IRSA reactivó el interés sobre uno […]
Publicado el 10 enero, 2026 por Juan Bertrán
La compra del ex Hospital Israelita por parte de IRSA reactivó el interés sobre uno de los edificios más emblemáticos de Flores y abrió interrogantes sobre su destino, su valor histórico y su rol en la identidad del barrio.
Hace años que el edificio del ex Hospital Israelita permanece cerrado, silencioso, como una postal detenida en el tiempo sobre la avenida Gaona. Pero a fin del año que pasó, sin embargo, ese silencio se quebró: la confirmación de su compra por parte de la desarrolladora IRSA volvió a poner en el centro de la escena a uno de los inmuebles más emblemáticos de la zona y reabrió un debate que combina historia, identidad y futuro urbano.
La operación se concretó por un valor de 6,8 millones de dólares, en el marco de un proceso judicial que puso fin a una prolongada etapa de incertidumbre. El predio, ubicado entre Nazca y Terrada, cuenta con una superficie de 8.856 metros cuadrados y más de 17 mil metros cuadrados construidos, una escala que da cuenta de su relevancia dentro del entramado urbano del oeste porteño.
Fundado en 1916 por la Sociedad de Beneficencia Ezrah, el Hospital Israelita fue durante décadas un centro de referencia médica para Flores y los barrios aledaños. Tras la quiebra de la institución, el establecimiento continuó funcionando algunos años bajo la modalidad de cooperativa, hasta que finalmente cerró sus puertas. Desde entonces, el edificio quedó vacío, generando un hueco urbano en una zona atravesada por comercios, escuelas y viviendas particulares.
En un comunicado de prensa, IRSA señaló que la compra se inscribe en su estrategia de identificar y revitalizar activos urbanos con potencial para nuevos desarrollos. La empresa, una de las principales inmobiliarias del país y accionista de centros comerciales como Alto Palermo, Abasto Shopping y Dot Baires, informó que el destino del predio aún no está definido y que se evalúan distintas alternativas de uso, en función de estudios técnicos, económicos y urbanísticos que se encuentran en una etapa inicial.
Más allá de esas definiciones, la noticia despertó interrogantes entre vecinos y vecinas del barrio. Para muchos, el Israelita no es solo un edificio a refuncionalizar, sino un espacio cargado de significados. “El Hospital Israelita es un monumento de esta ciudad”, sostuvo Lino Osorio, docente jubilado y vecino de Flores Norte desde hace más de medio siglo, al poner en palabras un sentimiento compartido por quienes crecieron con el hospital como referencia cotidiana.
“Muchos vecinos, o sus hijos o sus nietos nacieron en el Hospital Israelita. También muchos de nuestros familiares pasaron sus últimos días en ese lugar”, recordó Osorio. “Otros tuvimos familiares internados o atendidos en sus consultorios, o acudimos a su guardia en situaciones de urgencia para recibir ayuda”.
En ese sentido, destacó que, pese a haber sido una institución de la colectividad judía, el hospital siempre tuvo una vocación abierta. “Nos enseñó que la ayuda es para todos. En sus salas y consultorios nos encontrábamos vecinos de distintos orígenes, recibiendo la atención médica que necesitábamos”, afirmó.
Desde su mirada, reducir el destino del edificio a una cuestión inmobiliaria implica correr el foco de lo esencial. “Forma parte de nuestra memoria colectiva y personal. En sus pasillos se cruzaron historias de vida, alegrías y tristezas, salud y enfermedad, nacimientos y despedidas. El Hospital Israelita es un monumento y la Ciudad no puede perderlo como tal”, expresó.
El predio se ubica, además, en un tramo de la avenida Gaona donde conviven otros edificios históricos del barrio, como el colegio Santa Brígida y la Policlínica Bancaria. Ambos casos, señala Osorio, muestran cómo instituciones privadas lograron sostener sus funciones al tiempo que preservaron el valor arquitectónico y simbólico de inmuebles que ya forman parte del patrimonio colectivo. “Son un legado vivo de la historia del barrio y de la Ciudad”, sostuvo.
A partir de esa comparación, surge una pregunta que atraviesa las conversaciones barriales: qué rol asumirá IRSA frente a un edificio con semejante carga histórica. “Nos preguntamos si quienes lo adquirieron asumirán la responsabilidad de custodiar la memoria colectiva y el valor arquitectónico e histórico de ese edificio para los vecinos y para la Ciudad”, planteó Osorio.
Mientras se esperan definiciones concretas sobre el proyecto que se desarrollará en el predio, el futuro del ex Hospital Israelita se instala como un punto de tensión entre el impulso del desarrollo urbano y la preservación de la identidad barrial. “Para asumir los desafíos del futuro no es necesario destruir el pasado”, reflexionó el vecino. “Sin identidad no hay futuro, pero esa identidad tiene raíces y nuestro deber es preservarlas”.
Foto: Juan Bertrán.

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