Desde junio y hasta fines de agosto, la Comuna N.° 7 lleva adelante el operativo […]
Publicado el 18 junio, 2026 por Juan Bertrán
Desde junio y hasta fines de agosto, la Comuna N.° 7 lleva adelante el operativo anual de poda. Los trabajos buscan preservar el arbolado urbano, reducir riesgos y acompañar el crecimiento de cada ejemplar.
Con la llegada del invierno, las veredas de Flores y Parque Chacabuco empiezan a mostrar una escena que se repite cada año. Camiones, cuadrillas especializadas y ramas apiladas anuncian el inicio de una tarea silenciosa pero esencial para la vida de la Ciudad: la poda del arbolado urbano.
Desde el 1 de junio y hasta fines de agosto, la Comuna N.° 7 desarrolla el operativo de poda invernal, una intervención planificada que busca preservar la salud de los árboles y mejorar las condiciones del espacio público. En la página web del Gobierno porteño se puede consultar la planificación semanal: Agenda de Poda
Las tareas se realizan todos los días y de manera progresiva, siguiendo un cronograma que organiza las intervenciones por sectores. Durante este período se llevan adelante trabajos de despeje, balanceo de copas, mantenimiento estructural y eliminación de ramas que puedan representar un riesgo o interferir con el entorno urbano.
El objetivo es múltiple. Por un lado, favorecer el desarrollo saludable de cada árbol y corregir problemas estructurales antes de que se conviertan en un peligro. Por otro, despejar luminarias, cámaras de seguridad, señalización vial, balcones, terrazas y tendidos aéreos para mejorar tanto la seguridad como la convivencia entre el arbolado y la infraestructura de la Ciudad.
La poda se concentra principalmente durante el invierno porque la mayoría de las especies atraviesa su período de reposo vegetativo. Esa condición permite intervenir con un menor impacto sobre su desarrollo biológico. En cambio, durante el otoño, cuando caen las hojas, y la primavera, en plena brotación, rige la denominada veda de poda, una medida que respeta los ciclos naturales de los árboles. Fuera de esos períodos, solo se realizan trabajos específicos o podas menores cuando las condiciones lo requieren.
Cada intervención es ejecutada por cuadrillas integradas por personal capacitado, con conocimientos técnicos, herramientas específicas y equipamiento adecuado para trabajar sobre las distintas especies que forman parte del bosque urbano porteño. Sin embargo, el trabajo no termina allí.
Cada equipo es acompañado por inspectores especializados en arbolado urbano y espacios verdes, quienes determinan previamente qué tipo de poda necesita cada ejemplar y supervisan que la tarea se realice correctamente, procurando el menor daño posible y favoreciendo la longevidad del árbol.
Este sistema forma parte del Plan Estratégico de Poda, implementado por la Ciudad desde 2018 para ordenar y sistematizar el mantenimiento del arbolado. La iniciativa busca que las intervenciones respondan a criterios técnicos y no únicamente a los reclamos puntuales de los vecinos. Para ello, inspectores recorren permanentemente las calles y asignan prioridades según el estado sanitario y estructural de cada ejemplar.
A su vez, el denominado Plan de Poda Lineal o “por corredores” organiza las tareas sobre cuadras completas. Antes de comenzar los trabajos, cada árbol es inspeccionado para determinar si realmente necesita ser podado. La planificación se integra al llamado Plan Quinquenal, cuyo propósito es garantizar que todos los ejemplares que lo requieran sean evaluados e intervenidos al menos una vez cada cinco años.
Además de este operativo programado, también existen las llamadas podas puntuales. Son aquellas que surgen a partir de relevamientos técnicos o de solicitudes realizadas por los vecinos. En estos casos, personal especializado evalúa el estado fitosanitario del árbol, la estructura de su copa, las posibles interferencias con el entorno y la época del año antes de definir si corresponde realizar la intervención o aplicar otra medida de mantenimiento.
La poda también cumple un rol preventivo. Las tareas de despeje de luminarias, cámaras de vigilancia y señalización vial permiten mejorar la visibilidad en la vía pública, fortalecer el funcionamiento del sistema de monitoreo urbano y reducir riesgos para peatones y conductores.

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