Miercoles 15 de Julio del 2026

La Orquesta Ópera Villera llegó al Vaticano

17 jóvenes músicos del Centro Artístico Solidario Argentino se presentaron en la Plaza San Pedro […]

Publicado el 8 julio, 2026 por Juan Bertrán

17 jóvenes músicos del Centro Artístico Solidario Argentino se presentaron en la Plaza San Pedro ante el papa León XIV. Detrás de ese momento histórico hay un proyecto que, desde hace 15 años, utiliza la música como herramienta de inclusión en los barrios populares.

La Plaza San Pedro, uno de los lugares más emblemáticos del mundo, fue el punto de llegada de un recorrido que comenzó hace quince años en las aulas de la parroquia Madre del Pueblo, en el barrio Padre Ricciardelli.

Allí, el pasado 25 de junio, frente a miles de personas que asistieron a la Audiencia General, jóvenes de la Orquesta Ópera Villera interpretaron parte del repertorio argentino y estrenaron «Rezo del Mundo», una obra compuesta especialmente como un himno por la paz inspirado en el magisterio del papa Francisco. Al finalizar la audiencia, los músicos pudieron saludar personalmente al papa León XIV y compartir con él la tradicional fotografía grupal.

La delegación estuvo integrada por 17 jóvenes músicos y 10 docentes del Centro Artístico Solidario Argentino (C.A.S.A.), organización que desde hace más de una década brinda formación artística gratuita a niños, adolescentes y jóvenes de los barrios Padre Ricciardelli y Fátima, en el sur de la Ciudad de Buenos Aires.

Durante la presentación en el Vaticano, el grupo interpretó La Cumparsita, otros tangos tradicionales, El Humahuaqueño, movimientos de la Misa Criolla y la composición original Rezo del Mundo, llevando parte del patrimonio musical argentino a uno de los espacios más representativos de la Iglesia Católica.

La gira continuó luego con conciertos en la Iglesia de Santa María in Montesanto (conocida como la Iglesia de los Artistas) y en la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat, ambas presentaciones abiertas al público.

La posibilidad de viajar a Roma comenzó a gestarse antes del fallecimiento del papa Francisco. Según recuerda Mailén Ubiedo Myskow, directora artística de la Orquesta Ópera Villera y presidenta del C.A.S.A., la invitación surgió luego de que los sacerdotes Pedro Cannavó y Federico Ortega, de la parroquia Madre del Pueblo, le escribieran al entonces pontífice argentino.

«Cuando supimos que teníamos la posibilidad de tener ese viaje financiado para realizar un documental, los curas villeros que trabajaban en Madre del Pueblo enviaron un mensaje a Francisco y él contestó con una invitación de puño y letra». La muerte del papa, ocurrida pocas semanas antes del viaje, generó incertidumbre. Sin embargo, la convocatoria fue sostenida por León XIV, lo que permitió concretar la experiencia.

«Recuerdo que me desperté muy temprano porque ese día trabajaba en el conservatorio y ya tenía mensajes de todas las familias lamentando la situación. Yo me sorprendí mucho porque pensé que su exposición pública se debía a una mejoría y no a una despedida».

Una escuela de música que nació en el barrio

Aunque el viaje al Vaticano fue el acontecimiento que dio visibilidad internacional al proyecto, la historia del C.A.S.A. comenzó mucho antes.

«Surgió cuando éramos estudiantes universitarios. Yo tenía ganas de sumarme a un proyecto solidario y una compañera estaba haciendo una tesis en su carrera de Trabajo Social. La habían puesto en contacto con Gustavo Carrara, entonces párroco de Madre del Pueblo. Ella realizó su investigación abriendo un taller de guitarra y canto. Estos encuentros solo estaban pensados para ese año, así que decidí tomar la dirección y darle un nuevo enfoque: que no hubiera solo diversión y contención, sino que también fuera un espacio de formación y oportunidades«, explica Mailén Ubiedo Myskow.

Aquellos primeros talleres fueron creciendo hasta convertirse en una escuela artística donde hoy funcionan orquestas, coros, talleres y propuestas vinculadas a distintas disciplinas. La organización ofrece instrumentos, materiales de estudio y acompañamiento a cientos de chicos y chicas.

Para la directora, el objetivo nunca fue formar únicamente intérpretes. «Siempre busco que la creación acompañe las trayectorias pedagógicas. Expresar a través de un arte no solo es sanador, sino que es creador de autoestima», plantea, y agrega: «Mucha gente piensa que somos buscadores de talentos, de virtuosos. La primera de las ideas erradas es que solo un virtuoso puede convertirse en gran músico. Con eso no alcanza. La segunda es que nuestro trabajo segrega. Nuestro trabajo invita, por sobre todas las cosas, a pertenecer».

Ese sentido de pertenencia es, según explica, uno de los principales logros alcanzados después de quince años: «Ninguno de nuestros chicos eligió un camino de calle, consumo o delincuencia. La mayoría sigue estudiando luego del secundario, sea música u otra vocación«.

Y resume el espíritu del proyecto con una frase que atraviesa toda su tarea educativa: «Por esto creo que es fundamental crear en sus mentes recuerdos felices. Cuando una persona vive momentos de plena felicidad sabe que puede volver a fabricarlos, y eso es una proyección a futuro que nos ubica en un lugar donde se elige lo bueno y lo sano».

Tras regresar de Italia, el C.A.S.A. continúa trabajando en el gran objetivo de conseguir una sede propia. Actualmente, la organización desarrolla sus actividades en el edificio de la escuela primaria de la parroquia Madre del Pueblo, donde ocupa todas las aulas disponibles. La intención es adquirir uno de los galpones ubicados frente al barrio Padre Ricciardelli para construir un centro cultural con salas de ensayo, espacios de formación, comedor y un teatro.

«Que el C.A.S.A. sea, año a año, un lugar de esperanza y posibilidades. Un espacio donde las personas que ni siquiera consideran tener un proyecto de vida puedan tenerlo. Que cuando a un niño la vida le presente la calle, la droga o la delincuencia, nuestro espacio le muestre el amor, el arte y la comunidad«.


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