Soledad nos cuenta la trayectoria de una agrupación que nació en el corazón de Flores […]
Publicado el 5 marzo, 2026 por Luna Fernández
Soledad nos cuenta la trayectoria de una agrupación que nació en el corazón de Flores y hoy se consolida como un espacio de encuentro familiar y resistencia.
Para Soledad, integrante de Los Inevitables de Flores, la murga es mucho más que un desfile de febrero; es su lugar definitivo. «Hay una canción muy tradicional del carnaval porteño que dice que haber salido en la murga es un milagro de carnaval y creo que es un poco el sentimiento que tienen todas las personas que forman parte», explica. Su camino murguero no empezó en Flores, sino en una agrupación de Villa Ortúzar, hasta que un día vio a Los Inevitables en un corso: «Me encantó, tenía también gente conocida que salía ahí y para mí es mi murga. Es mi lugar de acá hasta que no pueda salir más o decida vivir el carnaval desde otro lado, pero es mi espacio y de ahí no me voy a mover».
Aunque la identidad de la murga está anclada en Flores, Soledad señala que el pulso del barrio es diverso y trasciende las fronteras geográficas. «La realidad es que formamos parte de la murga personas que no necesariamente somos todas del barrio. Yo viví muchos años en Flores, ahora vivo en Caballito, y así pasa con muchos», comenta. Sin embargo, esa dispersión no afecta el compromiso con el territorio: «Tenemos una constancia de todos los fines de semana de ensayar y estar en la rotonda, que es donde nos juntamos cada sábado, en la rotonda de Manco Cápac y Echeandía». Con casi 22 años de historia, la murga ha pasado por distintos puntos del barrio, pero hace tiempo que hicieron de esa rotonda su hogar, construyendo un vínculo sólido con los vecinos: «Tratamos de que el barrio nos vea, de que se quieran sumar y formar parte en la medida de lo posible».
En tiempos donde el individualismo parece ganar terreno, la murga se planta como un refugio de lo comunitario y lo presencial. Soledad sostiene con firmeza que el encuentro cara a cara y el debate de ideas son lo que verdaderamente nos salva frente al aislamiento de las pantallas. «Todo nos llama a ser cada vez más individualistas, a quedarnos en casa mirando una serie o una peli, a indignarte por redes sociales y quejarte por redes sociales y ser una persona a veces agresiva por redes sociales, respondiéndole a alguien que ni siquiera sabés quién es ni dónde vive desde la comodidad de tu hogar. Pero la verdad es que cuando la cosa se pone jodida lo que nos salva es lo comunitario, lo colectivo; tener un lugar en donde poder charlar con otra persona, debatir, generar nuevas ideas», reflexiona.
Para ella, la murga es un ejercicio de democracia real frente a la polarización: «Me parece que este momento no permite que le des crédito a lo que otra persona dice o es blanco o es negro o es esto o lo otro o sos zurdo o empobrecedor o sos libertario y nadie está permeable a que otra cosa suceda. La verdad es que así no se construye una sociedad, no se construye una democracia, no se construye ni siquiera un barrio de esa manera. Todos y todas hacemos política en cada decisión que tomamos y la política se hace con el diálogo, con el estar, con el poner el cuerpo pero con el otro».
Ese contacto humano es la base de la murga, un espacio donde las familias son el motor que garantiza la continuidad. «Hace poco tuvo que venir una serie en Netflix que la vio un montón de gente que es el Eternauta que decía nadie se salva solo y es la realidad nadie se salva solo y en estos momentos es donde más se ve eso», afirma Soledad. En Los Inevitables, observa con emoción cómo se han formado familias enteras y hoy los hijos de sus propios compañeros salen a bailar con una naturalidad asombrosa. «La murga es súper importante porque además la murga crítica y la murga dice desde una manera irónica o humorística las cosas que vive cada una de las personas. Hay mucha gente, al contrario de lo que ha sucedido otros años o a lo contrario de lo que quieren hacer creer, la gente vive el carnaval, hay niños, niñas, hay familias que disfrutan de la murga y es en esos lugares donde está la verdadera semilla de cómo atravesar este momento».
Este traspaso generacional es lo que permite que el carnaval sobreviva a pesar de las dificultades. El semillero es fundamental para que los más chicos aprendan a pertenecer a un proyecto colectivo, asegurando que el legado no se apague. Mientras el itinerario de febrero se extiende hasta marzo, Los Inevitables confirman una vez más que la murga sigue siendo ese lugar donde la vida se celebra y se resiste colectivamente.

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