Un breve repaso por la historia del arbolado urbano, y una vuelta por los árboles […]
Publicado el 1 diciembre, 2025 por Nahuel Conte
Un breve repaso por la historia del arbolado urbano, y una vuelta por los árboles del barrio.
La ciudad de Buenos Aires no siempre fue el espacio verde que conocemos hoy. Durante la época colonial, la urbe era esencialmente una landa o un descampado, con una notoria ausencia de árboles en sus calles. Los pocos ejemplares que se encontraban dispersos, como algún algarrobo o gomero, eran la excepción. La tradición de la época era cultivar árboles, sobre todo cítricos por su perfume y sus frutos, en los patios internos de las viviendas.
El impulso inicial para el arbolado público y los espacios verdes surgió en la época del virrey Vértiz. En este período se llevó a cabo la creación del Paseo de la Alameda (la actual avenida Alem, desde la Casa Rosada hasta Corrientes), donde se plantaron ombúes y sauces.
Los primeros pasos formales documentados por la Municipalidad datan de 1863, con los registros sobre la plantación de casi 200 paraísos en la calle Belgrano. Una década después, en 1874, fue el propio Sarmiento quien tomó la iniciativa y promovió la forestación, importando e introduciendo el popular —aunque a veces controvertido— plátano de sombra.
La verdadera transformación llegó en 1893 con el nombramiento de Carlos Thays al frente de la Dirección de Parques y Paseos. Su encargo inicial era implementar un «plan europeo de arbolado» basado en especies como tilos y paraísos. Sin embargo, Thays fue más allá: recorrió el norte argentino y descubrió una riqueza de especies nativas que adaptó a la ciudad, como el jacarandá, las tipas, el lapacho y el palo borracho. Gracias a estas especies, diseñó un espectáculo cromático durante la primavera: los lapachos florecen en septiembre, los ceibos en octubre, los jacarandás en noviembre, las tipas en diciembre y los palos borrachos en enero, pintando la ciudad con una secuencia ininterrumpida de colores.
El impacto de su gestión, junto a su equipo y su discípulo Benito Carrasco, fue monumental. La ciudad pasó de tener sólo 2.000 ejemplares a albergar aproximadamente 100.000. Como parte de esta iniciativa masiva, se implementó una práctica comunitaria notable: durante 30 años, a partir de 1900, los niños y niñas de las escuelas primarias realizaban plantaciones masivas en el Día del Árbol, sembrando muchos de estos nuevos ejemplares.
Lamentablemente, esta planificación sostenida comenzó a degradarse con la llegada de la última dictadura cívico-militar, un periodo que significó un deterioro institucional general que afectó también a la Municipalidad. Este declive llevó incluso a la remoción de ejemplares históricos. En una mirada más reciente, en 2012 se aprobó un Plan de Arbolado que aspira a alcanzar un 30% de cobertura de sombra para el año 2042. Pese a la existencia de este plan, la realidad muestra que la cobertura actual es de apenas un 14%, muy por debajo de otras grandes ciudades. Las quejas de las asociaciones de protección urbana se acumulan, y las podas indiscriminadas y las remociones de árboles por motivos poco claros son problemáticas tristemente conocidas.
La comuna 7 cuenta con tres especímenes notables y dos históricos. Los notables son tres ombúes ubicados dentro del Parque Chacabuco; los históricos por su parte, son un algarrobo blanco “Retoño del Algarrobo de Pueyrredón” ubicado en la plaza Flores (Pueyrredón), un descendiente del algarrobo blanco ubicado en la quinta de Juan Martín Pueyrredón, en San Isidro; y un timbó “Retoño del Pacará de Segurola” ubicado en Baldomero Fernández Moreno y Puan, donde el deán Dr. Saturnino Segurola comenzó con la primera aplicación de la vacuna contra la viruela.
Luego, entre otros especímenes particulares, existen: un árbol de kaki en la calle Picheuta al 1800, un palo borracho blanco ubicado en Neuquén al 2600, una encina en Avelino Díaz al 800, o un peteribí (del cual no queda mucho) ubicado en Cachimayo al 1400. Luego, entre otras especies, encontramos unos pocos arces, alcanforeros, robles, magnolias y talas (árbol nativo de la región)
Para finalizar, es fundamental recordar algunos consejos para el cuidado de los árboles. Primero, debe tenerse siempre presente que está prohibido que los vecinos se encarguen de la poda de los árboles de la vereda, ya que estos son propiedad del Estado, y cualquier daño que se les cause constituye un delito. En cuanto al riego, en verano y particularmente durante épocas de sequía, nunca viene mal aportarles un poco de agua, sobre todo si se trata de ejemplares recién plantados o jóvenes; sin embargo, nunca se debe utilizar agua con jabón, lavandina o productos de limpieza, siendo el agua que drena el aire acondicionado una opción excelente para este propósito. Respecto al otoño, es recomendable (dentro de lo que la limpieza lo permita) dejar las hojas sobre la tierra de la base, pues sirven como abono natural. Finalmente, hablando de fertilización, si un perro orina sobre un árbol, siempre es aconsejable tirarle agua inmediatamente después, así se evitan daños en la corteza y se permite que la urea se diluya y se aproveche como nutriente.

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