Martes 13 de Enero del 2026

Día de la Mujer Migrante

Memoria, racismo y derechos pendientes. Cada 10 de enero, la comunidad migrante organizada conmemora en […]

Publicado el 11 enero, 2026 por Camila De la Fuente

Memoria, racismo y derechos pendientes.

Cada 10 de enero, la comunidad migrante organizada conmemora en la Argentina el Día de la Mujer Migrante, una fecha que nació del reclamo persistente de justicia por el crimen racista de Marcelina Meneses y su hijo Joshua Alejandro Torres, ocurrido en 2001. A más de dos décadas del hecho, la efeméride continúa siendo una exigencia de reconocimiento, memoria y políticas públicas contra el racismo estructural.

Este año, la Comisión Episcopal de la Pastoral de Migrantes e Itinerantes (CEMI) se sumó públicamente a la conmemoración en la Ciudad de Buenos Aires, donde la fecha fue instituida por la Ley N.° 4409/12, y expresó que el aniversario es una jornada dememoria, conciencia y compromiso”, al cumplirse un nuevo año del ataque xenófobo que terminó con la vida de Marcelina y su hijo.

Recordar este hecho doloroso no es abrir heridas, sino impedir el olvido, porque la memoria es un acto de justicia y una forma concreta de cuidar la vida”, señalaron desde la comisión episcopal. En ese sentido, reclamaron el pleno esclarecimiento del crimen y reafirmaron que ninguna forma de violencia, discriminación o desprecio por el origen puede tener lugar en una sociedad que se pretenda humana y fraterna”.

La conmemoración fue impulsada originalmente por la familia de Marcelina junto a organizaciones de migrantes que durante años reclamaron su reconocimiento institucional. Tras la sanción de la ley porteña en 2012, otras jurisdicciones se sumaron, siempre a partir del empuje de la comunidad organizada. En 2013, un proyecto de alcance nacional perdió estado parlamentario sin ser tratado, dejando pendiente el reconocimiento a nivel país.

Marcelina Meneses había nacido el 20 de febrero de 1970 en Cochabamba, Bolivia. Migró a la Argentina y se instaló en Ezpeleta, donde vivía con su pareja, Froilán Torres, y sus hijos. Trabajaba como repositora en un supermercado. El 10 de enero de 2001, salió de su casa con Joshua, de apenas diez meses, rumbo a un control médico en el Hospital Perón de Avellaneda.

Durante el viaje en un tren de la línea Roca, que circulaba con las puertas abiertas, fue víctima de un ataque racista por parte de un grupo de pasajeros. Tras insultos cargados de odio xenófobo, Marcelina y su hijo fueron empujados fuera del vagón en movimiento a la altura de la cancha de Independiente. Ambos murieron en el acto. La causa judicial nunca llegó a una condena. El crimen permanece impune.

Con el tiempo, la figura de Marcelina trascendió el expediente judicial y se convirtió en símbolo de las violencias que atraviesan cotidianamente las mujeres migrantes: agresiones en el espacio público, racismo naturalizado, precarización laboral y desprotección institucional. Desde la CEMI destacaron que la mujer migrante encarna de modo singular una dignidad que no conoce fronteras, y subrayaron su rol central en el sostenimiento de familias, la construcción comunitaria y el cuidado de la vida, aun en contextos de exclusión e invisibilización.

El comunicado lleva por título “Nadie es extranjero en la Casa Común”, una consigna inspirada en la encíclica Laudato Si’, que propone una fraternidad universal donde la Tierra es hogar de todos. En sintonía con el magisterio del papa Francisco y el impulso pastoral del actual pontífice León XIV, la comisión renovó su compromiso deacompañar, defender y promover a las personas migrantes, especialmente a las mujeres, para que sean reconocidas como sujetos de derechos y protagonistas de la vida social, cultural y eclesial”.

Desde la CEMI alentaron a que el Día de la Mujer Migrante sea conmemorado en todo el país como una oportunidad paraeducar en la fraternidad, erradicar toda forma de xenofobia y racismo, y fortalecer una convivencia fundada en el respeto, la justicia y la paz”.

“La memoria de Marcelina y de su hijo —concluye el documento— debe movernos a no mirar hacia otro lado, y a que el clamor de tantas mujeres migrantes encuentre respuestas concretas en políticas públicas, gestos solidarios y comunidades que abracen sin excluir”.

A más de veinte años del crimen, la memoria sigue siendo una herramienta de lucha. Frente al silencio institucional y la impunidad judicial, la presión de la comunidad organizada continúa siendo el principal motor para sostener la exigencia de justicia y el compromiso antirracista. Porque recordar a Marcelina y a Joshua no es solo mirar al pasado: es disputar el presente y los derechos pendientes.


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